Como padre de dos hijos de 10 y 12 años, últimamente me encuentro haciendo un auténtico curso acelerado para ponerme al día con el vocabulario actual. De repente, en casa aparecen términos como facto, farmear aura, six seven, cringe… y uno intenta seguir la conversación sin que se note demasiado que necesita traducción simultánea.
Y precisamente de ahí surgió la idea para esta entrada de Cosmética Independiente, el blog de Farmacia Moreo. Porque, pensándolo bien, en el mundo de la cosmética ocurre exactamente lo mismo: constantemente aparecen nuevos términos, conceptos y tendencias que pasan a formar parte de nuestro vocabulario casi sin darnos cuenta.
Exposoma, inflammaging, exosomas, collagen banking, beauty tech… Algunos describen mecanismos de la piel que conocemos cada vez mejor; otros responden a nuevas formas de entender la prevención del envejecimiento y otros llegan impulsados por los últimos avances tecnológicos.
Así que os propongo un pequeño reto: vamos a repasar 10 términos cosméticos muy actuales para comprobar cuánto sabéis realmente de cosmética. Algunos seguro que os resultan familiares; otros quizá no tanto.
¿Estáis realmente al día en cosmética? Vamos a comprobarlo.
1. Exposoma: todo lo que le pasa a tu piel también cuenta
Empezamos con una palabra que cada vez escuchamos más: exposoma.
Podríamos definirlo como la suma de todas las exposiciones ambientales y relacionadas con nuestro estilo de vida que vamos acumulando y que pueden influir sobre nuestra piel. Aquí entran factores tan diferentes como la radiación solar, la contaminación, el tabaco, la alimentación, las hormonas, el estrés o incluso la falta de sueño.
¿Y por qué es un concepto tan importante? Porque nuestra piel no envejece únicamente porque cumplamos años. Una parte importante del envejecimiento visible es envejecimiento extrínseco, es decir, está relacionado con todos esos factores externos a los que nos exponemos a lo largo de nuestra vida.
Arrugas, manchas, pérdida de firmeza o alteraciones en la textura no dependen exclusivamente de nuestra genética.
Por eso, cuando hablamos de exposoma hay un mensaje especialmente interesante: no podemos detener el paso del tiempo, pero sí podemos actuar sobre muchos de los factores que condicionan cómo envejece nuestra piel.
2. Fotoevitación: protegerse del sol es mucho más que ponerse un fotoprotector
Todos conocemos la importancia del protector solar. Pero el concepto de fotoevitación va un poco más allá.
Consiste en adoptar una estrategia global para reducir nuestra exposición a la radiación solar, y eso significa utilizar fotoprotector, pero también buscar la sombra, evitar las horas de mayor radiación, utilizar sombreros, gafas o ropa adecuada y adaptar nuestras actividades cuando la exposición solar es muy elevada.
¿Por qué tanta insistencia?
Porque la radiación solar continúa siendo uno de los principales factores responsables del fotoenvejecimiento cutáneo, además de estar directamente relacionada con el desarrollo del cáncer de piel.
Podemos invertir en retinoides, antioxidantes, péptidos o el sérum más sofisticado del mercado, pero hay algo que no deberíamos olvidar:
Ningún cosmético puede compensar una exposición solar excesiva y continuada.
Quizá no sea el término más revolucionario de esta lista, pero probablemente sí uno de los más importantes.
3. Inflammaging: cuando envejecimiento e inflamación se encuentran
Aquí empezamos con los anglicismos.
Inflammaging nace de unir las palabras inglesas inflammation —inflamación— y aging —envejecimiento—.
Describe un estado de inflamación crónica, persistente y de bajo grado que tiende a aumentar con la edad, incluso aunque no exista una infección o una enfermedad concreta que la provoque.
¿Y qué tiene que ver esto con nuestra piel?
Mucho.
Esta inflamación mantenida puede dificultar los mecanismos de regeneración, alterar la matriz extracelular y contribuir a algunos de los cambios asociados al envejecimiento, como la pérdida de elasticidad o el adelgazamiento de la piel.
Por eso, una parte importante de la investigación actual sobre longevidad cutánea ya no se centra únicamente en intentar eliminar una arruga, sino en comprender y modular los mecanismos biológicos que favorecen el envejecimiento.
Y el inflammaging es uno de ellos.
4. Senescencia celular: las famosas «células zombis»
Este es probablemente uno de los conceptos más interesantes de toda la lista.
Con el paso del tiempo, algunas células entran en un estado denominado senescencia celular. Simplificando mucho, son células que dejan de dividirse, pero no desaparecen.
Se quedan ahí.
De ahí que de forma divulgativa se las conozca como «células zombis».
El problema es que estas células continúan biológicamente activas y pueden liberar diferentes moléculas inflamatorias.
Su acumulación puede afectar a la matriz de la piel, dificultar su renovación y contribuir precisamente al inflammaging del que acabamos de hablar.
De aquí surgen dos palabras que probablemente escucharemos cada vez más: telómeros y sirtuinas.
Todavía queda mucho por investigar, especialmente cuando trasladamos estos conceptos a la cosmética, pero la senescencia celular se ha convertido en una de las grandes áreas de estudio de la longevidad cutánea.
5. Prejuvenecimiento: mejor mantener que tener que reparar
De este término ya hemos hablado anteriormente en Cosmética Independiente, y probablemente sea uno de los conceptos que mejor explican hacia dónde está evolucionando el cuidado estético.
Prejuvenecimiento, o prejuvenation, surge de combinar prevención y rejuvenecimiento.
La idea es sencilla: actuar antes de que determinados signos del envejecimiento estén completamente establecidos, en lugar de esperar a que aparezcan para intentar corregirlos.
Por eso hablamos cada vez más de empezar a cuidar la piel de forma adecuada desde edades tempranas mediante fotoprotección, hábitos saludables y, cuando están indicados, activos cosméticos como los retinoides.
El concepto se ha extendido también a la medicina estética, donde determinadas personas recurren de manera preventiva a neuromoduladores, rellenos o dispositivos basados en energía.
Es, en definitiva, un cambio de filosofía:Pasamos del «reparar lo que ha envejecido» al «intentar conservar durante más tiempo lo que tenemos».
6. Banco de colágeno: ¿podemos «ahorrar» colágeno para el futuro?
Muy relacionado con el prejuvenecimiento encontramos otro término cada vez más popular: collagen banking o banco de colágeno.
El nombre resulta bastante gráfico.
Sabemos que la producción y organización del colágeno se modifican progresivamente con la edad. El collagen banking propone estimular la producción de colágeno desde edades relativamente tempranas para intentar mantener durante más tiempo una buena estructura cutánea.
Es como si intentáramos «ahorrar» colágeno pensando en el futuro.
Aquí entran procedimientos capaces de estimular los fibroblastos, como determinados láseres, radiofrecuencia, microneedling o bioestimuladores.
Eso sí, hay que poner un pequeño asterisco al concepto: aunque resulta atractivo y tiene una base biológica razonable, todavía necesitamos más evidencia a largo plazo para saber hasta qué punto ese supuesto «banco» se traduce realmente en beneficios décadas después.
7. Tecno-belleza: cuando la cosmética se encuentra con la tecnología
Si vuestro cuarto de baño empieza a parecerse poco a poco a un pequeño laboratorio, probablemente ya habéis entrado en el mundo de la tecno-belleza, technobeauty o beauty tech.
Máscaras LED, dispositivos domésticos de radiofrecuencia, aparatos para analizar la piel, aplicaciones que diseñan rutinas personalizadas, inteligencia artificial capaz de evaluar determinados parámetros cutáneos…
La tecnología está entrando de lleno en el cuidado de la piel.
Pero el cambio probablemente vaya mucho más allá de los dispositivos domésticos. El análisis de datos, la inteligencia artificial e incluso la información genómica y epigenómica podrían permitir avanzar hacia una cosmética mucho más personalizada.
Es decir, pasar progresivamente de:
«¿Cuál es la mejor crema?»
a una pregunta bastante más interesante:
«¿Cuál es la mejor estrategia para esta piel concreta?»
8. Exosomas: los nuevos mensajeros de la cosmética
Si hay una palabra que ha irrumpido con fuerza en los últimos años, probablemente sea exosomas.
Los exosomas son pequeñísimas vesículas extracelulares que las células utilizan para comunicarse entre sí. En su interior pueden transportar proteínas, lípidos y material genético capaces de influir sobre otras células.
Pensad en ellos como una especie de pequeños «paquetes de mensajería» celular.
Su posible utilización en dermatología y medicina estética ha despertado muchísimo interés por su potencial regenerador y por sus posibles efectos sobre la producción de colágeno y elastina, la inflamación, el estrés oxidativo, la hidratación o la textura de la piel.
Los primeros resultados son prometedores y algunas investigaciones han encontrado mejoras en parámetros como las arrugas. Sin embargo, aquí conviene mantener cierta prudencia.
No todo producto que utiliza la palabra «exosomas» tiene necesariamente la misma composición, calidad o evidencia científica. Todavía faltan estudios clínicos de alta calidad, protocolos estandarizados y una regulación más clara.
Así que probablemente vamos a escuchar hablar muchísimo de ellos, pero también tendremos que aprender a separar ciencia, innovación y marketing.
9. Péptidos: pequeños mensajeros con mucho que decir
Los péptidos llevan años presentes en cosmética, pero están viviendo una auténtica segunda juventud.
Son cadenas cortas de aminoácidos que pueden ejercer diferentes funciones biológicas. Algunos actúan como moléculas señalizadoras, enviando determinados mensajes a las células; otros se investigan por su capacidad para modular procesos relacionados con la inflamación, la matriz extracelular o el envejecimiento.
Una forma sencilla de entenderlos sería imaginarlos como pequeños mensajes que intentan decirle a la piel qué tiene que hacer.
Su gran atractivo en cosmética es combinar potencial actividad biológica con, generalmente, una buena tolerancia cutánea.
Además, la investigación está permitiendo desarrollar péptidos cada vez más específicos, por lo que es muy probable que sigan ganando protagonismo en las formulaciones destinadas al envejecimiento y la longevidad cutánea.
Eso sí: hablar simplemente de «péptidos» cada vez nos dice menos. Lo realmente importante será saber qué péptido contiene un cosmético, en qué concentración y qué evidencia existe detrás de él.
10. Biohacking: ¿podemos hackear el envejecimiento de nuestra piel?
Y terminamos probablemente con el término más futurista de todos: biohacking.
El concepto nació como una filosofía de «hazlo tú mismo» aplicada a la biología: utilizar tecnología, información y cambios en nuestros hábitos para intentar optimizar el funcionamiento del organismo.
Llevado al terreno de la belleza y la longevidad, puede incluir desde el control de determinados biomarcadores hasta relojes epigenéticos, nutrición, suplementación, ejercicio, sueño o estrategias dirigidas a algunos de los mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento.
La idea resulta tremendamente atractiva: no limitarnos a tratar lo que vemos en el espejo, sino intentar actuar sobre las causas biológicas que están detrás del envejecimiento.
Pero también es uno de los terrenos donde más fácilmente podemos pasar de la ciencia al entusiasmo excesivo.
Dentro del biohacking conviven estrategias con una base científica sólida —como ejercicio, alimentación equilibrada, sueño adecuado o control de la exposición solar— con otras propuestas cuya evidencia es todavía muy limitada o directamente especulativa.
Por eso, ante cualquier estrategia de biohacking, la pregunta debería ser siempre la misma:
¿qué evidencia científica tenemos realmente detrás?
Y un término extra: cosmética honorable
Y terminamos con un término que defendemos especialmente desde Cosmética Independiente y Farmacia Moreo: la cosmética honorable.
Un cosmético honorable no es el más caro ni el que más promete. Es aquel que respeta la inteligencia del consumidor y la biología de la piel, utiliza activos en concentraciones eficaces, está bien formulado y ofrece una buena relación calidad-precio.
Puede costar 25 € o 150 €. Lo importante no es el precio, sino que cumpla lo que promete y ponga la ciencia por delante del marketing.
Quizá, de todos los términos de esta lista, este sea el que más nos gustaría que se pusiera de moda.

Farmacéutico, especialista en cosmética y técnico en ortopedia.
Vocal de Dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza.
Gerente en Farmacia Moreo.
