Hace unos días leía una entrevista a Rosalía en Lecturas en la que hablaba de su rutina de cuidado facial y se definía, sin rodeos, como una auténtica obsesa del skincare. Contaba que dedica más tiempo a cuidar su piel que a maquillarse y que apuesta por una rutina bastante coherente con lo que hoy desde mi punto de vista se recomienda: limpieza cuidada, productos ligeros, buena hidratación y constancia. Hasta aquí, todo bastante razonable.
Pero hubo un detalle que llamó mi atención. Rosalía destacaba una técnica concreta como su gran aliada para “destensar la piel”: la gua sha. Hablaba de ella con entusiasmo, como de esos gestos que se convierten en un pequeño ritual diario, usando una piedra de cuarzo rosa para masajear el rostro y ayudar a que los aceites faciales se absorban mejor.

Gua sha cuarzo rosa
Y claro, cuando una celebrity con tanta influencia menciona algo así, es normal que muchas personas se pregunten: ¿debería estar haciéndolo yo también? ¿realmente funciona o es solo una moda más?
Lo primero que conviene saber es que la gua sha no es ningún invento reciente. Es una técnica de la medicina tradicional china que se ha utilizado históricamente con fines terapéuticos, sobre todo para aliviar dolores musculares y provocar respuestas locales en la piel. Lo que ocurre es que no nació como un tratamiento cosmético, ni como una herramienta pensada para la rutina facial diaria tal y como la entendemos hoy.
De hecho, cuando revisamos la evidencia científica, vemos que no existen estudios clínicos que avalen su uso como parte de la limpieza facial ni como tratamiento cosmético con beneficios demostrados a largo plazo. La literatura médica describe que la gua sha provoca pequeños sangrados bajo la piel y una respuesta inflamatoria local. Esto explica por qué, tras usarla, muchas personas notan calor, enrojecimiento o una sensación de activación en el rostro.
Ahora bien, aquí es donde merece la pena matizar. Cuando Rosalía habla de “destensar la piel” o de notar el rostro más relajado, esa sensación no es imaginaria. El masaje suave con la piedra puede aumentar de forma temporal la circulación sanguínea y favorecer el drenaje linfático. ¿El resultado? Una cara menos hinchada, con un aspecto más descansado y luminoso. Ese famoso efecto buena cara que muchas personas notan justo después de usarla.
El problema aparece cuando a ese efecto puntual se le atribuyen propiedades que la ciencia no ha demostrado. No hay pruebas sólidas de que la gua sha prevenga el envejecimiento, estimule la producción de colágeno o transforme la piel en profundidad, aunque estos mensajes se repitan con frecuencia en redes sociales y medios de belleza. Lo que se ve es, en el mejor de los casos, un cambio temporal, no un efecto antiedad real.
Además, no hay que olvidar que no es una técnica inocua. En pieles sensibles, reactivas o con problemas dermatológicos, un uso incorrecto o demasiado intenso puede provocar irritación, moratones o empeorar la situación de la piel. Por eso, desde una perspectiva basada en la evidencia, no se recomienda como parte de la limpieza facial ni como pilar central de una rutina de cuidado.
Entonces, ¿significa esto que hay que desterrar la gua sha? No necesariamente. Usada con suavidad, sin presionar en exceso y con expectativas realistas, puede ser un gesto agradable de autocuidado, un momento de pausa, de conexión con una misma, que además aporta una mejora estética puntual.
Lo importante es colocarla en su sitio. La gua sha no limpia la piel, no sustituye activos con eficacia demostrada y no reemplaza pilares básicos del cuidado cutáneo como el protector solar, los retinoides, una buena hidratación o una limpieza bien formulada. Puede acompañar, pero no liderar la rutina.
Porque incluso cuando una tendencia viene avalada por alguien tan influyente como Rosalía, la piel sigue respondiendo mejor a la constancia, a la ciencia y al sentido común que al hype del momento.

Farmacéutico, especialista en cosmética y técnico en ortopedia.
Vocal de Dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza.
Gerente en Farmacia Moreo.
